De generación en generación y de disco en disco, Jagoda se esfuerza en preservar la música sefardí

Por Aaron Leibel, Editor de Artes
Washington Jewish Week
Miércoles, 14 de diciembre de 2005

Hace dos décadas Flory Jagoda dirigió un taller sobre música ladina y le preguntaron si eso era “música judía”.
Luego de una vida dedicada a la preservación de las canciones de su Bosnia natal y de la música sefardí en general, Jagoda, a los 82 años, ha experimentado un notable cambio en las percepciones populares.
“Después de todos estos años de trabajo duro, finalmente es aceptada como música judía”, dice la residente de Alexandria.
El domingo último, ella y el cantor Ramón Tasat interpretaron canciones de su nuevo álbum, “Kantikas de amor i vida”, en un concierto en la sinagoga de Tasat, el Temple Shalom en Chevy Chase.
Sobreviviente del Holocausto –y ganadora, en 2002, de la National Heritage Fellowship, de $10.000, otorgada por el National Endowment for the Arts–, en sus conciertos Jagoda canta “Buena semana”, tradicionalmente entonada al concluir Haydalah.
“El público ahora canta conmigo y me cree, eso no sucedía antes”, dice Jagoda, nacida en Sarajevo en 1923 y llegada a Washington en 1948. “Ahora la gente sabe de qué hablo y qué canto.”
Tasat, que conoce a Jagoda hace más de diez años, califica la contribución de Jagoda a la preservación de la música sefardí como “enorme”.
“Cuando Flory llegó después de la guerra la música sefardí no existía”, dice el cantor nacido en Buenos Aires. “Especialmente en la comunidad judía, la percepción era que sólo la música de Europa del Este era música judía.”
“A través de los años ella sola comenzó a revertir ese paradigma.” La cantante, dice, hizo accesible la música sefardí con canciones que permitían al público cantar con ella, y también “contando historias que conectaban a la gente con la música, y componiendo melodías que se han convertido ya en parte del repertorio judío.”
El catalizador de su nuevo disco fue un concierto en la Universidad de Maryland hace algunos años, cuenta él.
Ambos se presentaron como parte de un ensamble y cantaron sólo una canción juntos. “Un crítico del Post señaló lo bella que había sido nuestra interacción como dúo”, recuerda el cantor.
Eso encendió la idea de hacer un disco de canciones que pudiesen cantarse a dúo. “Ella encontró canciones que nos permitieron cantar juntos”, dice. “Algunas son canciones tradicionales sefardíes, pero las cantamos como las aprendió ella en Sarajevo.”
Algunas obras son originarias de los alrededores de Sarajevo, mientras otras son canciones compuestas por Jagoda.
Las hay que tratan temas difíciles. Una de ellas habla de una mujer joven, embarazada, abandonada por el padre del niño. Debido al rechazo de la sociedad decide entrar a un convento para tener allí a su hijo.
Otra cuenta la historia de un hombre joven decepcionado del amor, que se lamenta porque no tendrá a quien lo llore al morir.
Jagoda grabó ya tres discos (Kantikas Di Mi Nona –canciones de mi abuela–, que comenzó como vinilo y pasó también a cassette; Memorias de Sarajevo y La Nona Kanta, la abuela canta). También es autora de un libro de canciones (The Flory Jagoda Songbook) y de un documental (The Key from Spain).
Ocupada en la preservación de antiguas canciones ladinas aprendidas de su abuela en la Bosnia de preguerra, Jagoda habla con satisfacción de su “aprendiz” musical.
Poco después de haber recibido la beca, la Fundación Virginia para las Humanidades la contactó y solicitó como “maestra” de una aprendiz, Susan Gaeta.
Gaeta trabajó con ella durante más de un año y hoy, cuenta Jagoda, enseña y da conciertos usando material de su mentora y presentándose como “la aprendiza de Flory Jagoda”.
También Tasat contribuye a preservar su música. “Él aprendió estas canciones de mí, y también continúa mi trabajo”, dice ella.

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