Una ‘luz’ musical sobre textos hebreos
Obras de compositores cantadas por las congregaciones de todo el país

Por Joseph McLellan
Especial para The Washington Post
Jueves, 14 de marzo de 2002, p. DZ07

La reciente performance de "Your Bountiful Light: New Music for Jewish Liturgy" en la Congregación Tifereth Israel en la calle 16 NW fue promovida correctamente como una première mundial, aunque el público conociese la mayor parte de las melodías y cantara con ganas junto a los intérpretes sobre el escenario.
Desde 1984 la compositora Norma Brooks de Washington ha estado escribiendo melodías para textos hebreos de la Biblia y para textos de los grandes rabinos. La primera vez que puso música a un texto hebreo fue en memoria de su marido, Paul Lichterman, a quien había conocido en la universidad y que, en sus palabras, se convirtió en “mi marido, mi mejor amigo, mi maestro”. Fallecido en 1983, la dejó con un hijo joven, Daniel.
Para el primer aniversario de su muerte, Brooks puso música al pasaje de la Torah que dice: “Concédenos Tu abundante luz”.
“Your bountiful light” (Tu abundante luz) se convirtió en el título de un libro que contenía sus canciones, con arreglos del guitarrista y cantante argentino Ramón Tasat y de la pianista y cantante Natascha J. Hirshhorn, líderes internacionales en el campo de la música religiosa judía.
Es ésta la música incluida en el compact disc lanzado hace poco y que el día 2 de marzo se presentó como una première mundial.
Su tratamiento “da a la música una nueva dimensión, un nuevo nivel de sentido”, dice Brooks en una entrevista. Ella compone su música con deliberada simplicidad, para que pueda ser cantada a cappella por la congregación.
Los arreglos nuevos hacen a esta música adecuada también para interpretaciones sobre el escenario, fuera de los servicios religiosos, agrega. Pero sus melodías, cantadas sin acompañamiento, adquieren una vida propia de lo más vigorosa.
Brooks enseñó su melodía dedicada a Lichterman a los miembros de su congregación, Fabrangen, una comunidad de rezo local. Ellos empezaron a cantarla en los servicios. Luego la escucharon visitantes que la llevaron a sus casas, y ahora la cantan numerosas congregaciones en todos los Estados Unidos.
Ese fue el comienzo de su segunda carrera en la música. Brooks, cuyo apellido, Brushansky, fue cambiado al llegar sus antecesores a Ellis Island, decidió dividir su vida en dos mitades iguales: dedicó los días lunes a jueves a su profesión de psicóloga clínica, y el resto de la semana a la música.
Sus melodías se inspiran sobre todo en eventos de su vida personal –el bar mitzvah de Daniel, conmemoraciones de sus padres y amigos, de Yitzhak Rabin, celebraciones de cumpleaños, aniversarios de casamiento, nacimientos–.
Casi siempre usa textos apropiados para los servicios litúrgicos. En principio los enseña a su congregación y luego los difunde. “Mi música se canta, anónimamente, en servicios de todo el país”, dice.
La première incluyó un coro y un ensamble instrumental (flauta, violín, cello, piano, guitarra y batería), y solos vocales de Tasat, Hirschhorn y otros. Brooks hizo un breve solo, con una voz hermosa en la que se adivinaba el paso de una laringitis, pero en general cantó toda la noche humildemente con el coro.
Su música parece por momentos un nigun jasídico, o melodía, y se basa con frecuencia en tradiciones corales y en el klezmer, aunque también refleja su experiencia como profesora de música en Nueva York, donde dirigió a un coro trilingüe que cantaba en chino, español e inglés, llamado Voces del Lower East Side.
La música tiene gran vitalidad y una simplicidad límpida que invita a cantar incluso al oyente menos musical. Esa invitación quedó bien clara en la excelente presentación de este mes, y el público, de pie, evidentemente disfrutó el poder unirse al canto.

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