Teshuva:
exploraciones litúrgicas para los Días de Penitencia
Una reseña del disco de Ramón Tasat, César Lerner y
Marcelo Moguilevsky
Por el Cantor Sam Weiss en
http://www.klezmershack.com/bands/tasat/teshuva/tasat.teshuva.html
14 de septiembre de 2004
El álbum más reciente de Ramón Tasat señala
una fase digna de mención en la evolución de este artista
energético y prolífico en conciertos y grabaciones. En sus
anteriores doce colecciones Tasat investigó, arregló y prestó
su canto conmovedor a un amplio espectro de canciones sefardíes,
israelíes, italianas, litúrgicas y seculares. Muchos de
sus álbumes tempranos fueron colaboraciones con otros vocalistas
e instrumentistas que excedían el rol de simple acompañamiento
para su guitarra. En su grabación número 13, sin embargo,
Tasat lleva a otro nivel de sinergia artística su afición
por la explotación de la creatividad ajena. César Lerner
y Marcelo Moguilevsky, amigos de Tasat de su nativa Argentina y miembros
del talentoso dúo Klezmer en Buenos Aires, han unido sus
fuerzas para crear junto a él un álbum sobresaliente de
fusión judía, nacido de una combinación fructífera
de sensibilidades musicales más que de estilos o géneros
específicos.
La selección de Teshuva es una mezcla de piezas litúrgicas
Ashkenazis familiares y melodiosas, algunas composiciones originales o
adaptaciones y el favorito sefardí El Nora Alila. El elemento
unificador principal del álbum son los textos, tomados del servicio
de las Altas Fiestas o relacionados de algún modo similar con la
introspección religiosa. Pero la familiaridad del material que
sirvió de fuente no es más que el primer paso de esta aventura
artística. La congregación íntima de Tasat, Moguilevsky
y Lerner transforma esas plegarias en arriesgadas exploraciones personales
marcadas por varios actos de fe musicales.
Los tres músicos dan a cada pieza la atención que merece,
mezclando el espíritu de cada canción con sus propias personalidades.
Al igual que Leib Glantz, que conmovió el molde del recitativo
hazzanico de la “Edad de oro” con su intensa aproximación
personal a la improvisación y la descripción musical, Tasat
ha abierto un nuevo camino en la interpretación de canciones litúrgicas
populares. Él gime las letras en hebreo con el alma de un cantor
y el abandono de un jazzman, aunque ni sus improvisaciones ni su fraseo
provienen de alguna de estas dos tradiciones musicales. De hecho, sus
interpretaciones son la contraparte perfecta del afamado virtuosismo instrumental
de Lerner y Moguilevsky, una comunicación musical intrigante, que
nada debe a otros géneros.
Si es lícito establecer una analogía con el penitente religioso
que busca olvidar sus hazañas pasadas, en este álbum Ramón
Tasat se convierte en el Ba’al Teshuva musical ansioso
por traspasar las constricciones de una reputación ligada al
bel canto; se vuelve un buscador de la verdadera expresión
personal y de la transmisión de los significados de los textos
elegidos. Por ejemplo, las disonancias de avant-jazz propuestas por el
dúo, sus gruñidos y chillidos, empujan al cantante hacia
sprechstimme y otros puntos de partida de la técnica vocal
que uno hubiese esperado encontrar en sus primeras grabaciones. Los comentarios
instrumentales de los textos y las melodías (un término
más descriptivo que el de “arreglos”) son generalmente
enriquecedores y dan en el blanco, aunque hay algunas excepciones. Por
ejemplo, el breve “grito” klezmer del riff de clarinete que
acompaña la sombría versión de Mizmor L’David
(Salmo 23) de Ben-Zion Shenker se registra en el oyente como un clarinete
“que ríe”, yuxtaponiéndose al simultáneo
lamento de Tasat.
Mizmor L’David termina con una extensión vocal e
instrumental de las palabras finales L'orekh Yamim (subrayando
su sentido de “la duración de los días” o “siempre”).
La última nota de esta coda adelanta imperceptiblemente la primera
nota de la elaboración de casi nueve minutos de la versión
de Avino Malkeinu, una melodía folclórica. (Si
bien la versión del trío es una obra maestra en tanto plegaria
realmente sentida, gracias a su escasa instrumentación, algunos
de los pasajes extendidos podrán parecer a ciertos oyentes un poco
auto-indulgentes.) Otras de mis favoritas son Yehi Ratzon, llamativamente
fresca y en la senda del blues, y la casi sinfónica Hayom T'amtzenu,
en la que la repetición banal y tradicional de la palabra Hayom
se deconstruye y convierte en material de una larga composición.
Teshuva es una obra musical verdaderamente seria; sin embargo,
la interpretación de algunas de las canciones resulta un tanto
lacrimosa. Esto se debe, tal vez, al timbre particularmente lamentoso
de la voz tenor de Tasat, aunque en general es resultado de una elección
artística deliberada. (La adaptación de Sim Shalom al
tema de La lista de Schindler, aunque no es típico, resume
la estética subyacente a todo el disco.) El estilo de canto lúgubre
es especialmente cuestionable cuando no se corresponde con el significado
del texto (por ejemplo, en la adaptación original de Tasat de
Pithu Lanu Sha'are Tzedek) o cuando va a contrapelo de los gestos
más juguetones de Lerner y Moguilevsky (por ejemplo, en Hamol
Al Ma'asekha). Al final, Tasat logra un abandono emocional muy necesario
para la vivacidad del dúo en el tema jasídico que cierra
el disco, Kaddish Shalem. Comparado con el resto del álbum,
el tratamiento de esta melodía alegre es demasiado juguetón,
aunque haya sido hecho con la misma inteligencia musical que marca al
resto del disco.
Como quien va a Teshuva, es éste un álbum sobre los emprendimientos,
sobre la lucha por convertirse en lo que uno todavía no es. Para
el oyente se trata de un viaje musical estimulante, que vale la pena emprender.
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